










Este día rodábamos en el parking del edificio donde viven los tíos de Jorge. Quedamos con él a las 22h en la puerta de casa de Pepe puesto que la casa de sus tíos está muy cerca. Mientras esperábamos, Tomás me comentó que Cárol y él tenían la intención de hacer un cursillo de 3D la semana siguiente, justo los días más duros de rodaje; cuatro días seguidos encerrados en la casa de Tomás y Cárol. Cuando me lo dijo no me sentó nada bien porque, que Cárol hiciera el curso me daba igual, era totalmente prescindible en el rodaje, pero Tomás, no. Tomás, para mí, hasta ese momento, era el cincuenta por ciento de la película. Cuando comenzamos el proyecto de Efecto Coyote, Tomás y yo, llegamos a la conclusión de que los que teníamos que estar siempre al pie del cañón para dar ejemplo a los demás eramos nosotros dos. Los dos debíamos adaptarnos a las circunstancias y horarios de cada uno de los actores y si faltaba alguien del equipo técnico sustituirlo inmediatamente por otro. Ese fue el compromiso verbal al que llegamos, pero, me dio la impresión de que ese día ese compromiso se lo había llevado el viento. Yo le dije a Tomás que a mí me daba igual si Cárol hacia o dejaba de hacer el cursillo, que quién me importaba era él. La semana que viene va a ser muy dura, y yo solo no podré con todo. Bueno, en resumen. Yo me enfadé, Tomás se enfadó y me dio la impresión que Cárol creía que también me había enfadado con ella, pero aseguro que no fue así. Lo que pasaba era que estaba disgustado y, por tanto, mi humor no estaba para nadie.
Llegó Jorge y nos pusimos de camino al parking. Metimos la furgoneta con todos los trastos y nos pusimos a montar el set. Como yo no estaba de humor y Tomás tampoco, el ambiente se enrareció tanto que se lo contagiamos a los demás (algo mal hecho por mi parte, puesto que ya es suficientemente complejo rodar y mantener a todo el mundo concentrado). En uno de los momentos de rabieta, Tomás me apartó un poco y cabreado insistió en retomar la discusión que dejamos en la puerta de casa de Pepe. Yo, simplemente le dije que no era el momento, pero puesto que estaba cabreado pues continuó, yo volví a darle mi opinión al respecto. Cuando se dio cuenta, paró y seguimos rodando. A ver, no tengo más que entender a Tomás, aunque mi postura fuera la opuesta y mi persona la otra parte afectada. Me pongo en su situación y entiendo que, con la tensión que había en el parking, no aguantara más y quisiera discutir, dándole igual que todo el equipo estuviera delante. En un arrebato de cólera o cabreo incontenible, a uno, le suele dar igual la situación o las personas que hayan de por medio. Yo probablemente hubiera hecho lo mismo o peor (de todos es ya conocido mi muy mal genio). Pero, cuando se está rodando, y se es codirector, nunca hay que discutir delante del equipo porque eso es un síntoma claro de división y posible ruptura. Como ya he dicho antes, yo puede que hubiera hecho lo mismo al ver la cara larga de mi compañero y palpar la extrema tensión que creamos los dos.
En fin, dentro de lo que fue el desastre de rodaje, lo grabamos todo, aunque, como entenderéis, se demoró mucho el tiempo por culpa del problema que he explicado más arriba. En esta escena, Belén debía conducir el coche de Marco, pero, al igual que Víctor, no tenía carné de conducir y no sabía conducir muy bien el BMW. La pobre hizo varios intentos y desistió. Al final Marco hizo de doble de Belén en conducción y yo de Víctor conduciendo la furgoneta.
Nos fuimos de allí con cabreos y rencores, con todos los planos grabados pero sin pena ni gloria.
Este día de rodaje lo escribí unos cuantos días después de lo ocurrido, más que nada por dejar que el cabreo se enfriara, pensar y meditar sobre lo ocurrido, para no hacer juicios rápidos.
El problema creo que queda bien expuesto en el escrito y mi parte de culpa también, así que en este añadido no creo que tenga que extenderme más al respecto. Sólo deciros que este día dio pie a un agotamiento y desgaste continuo de la amistad entre los dos directores de Efecto Coyote. ¿Sería culpa del efecto coyote? Ah, perdón. No hay que culpar a ese efecto, sino al efecto del cuervo con bambas.
Desde aquí quiero darle las gracias a los tíos de Jorge por su inestimable ayuda desinteresada. Muchas gracias.
Por cierto, en esta escena se grabó el plano más desenfocado de toda la película. Sumando y siguiendo.



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada