



Nos pusimos a rodar más tarde de lo que pensábamos. Habíamos quedado a las diez y media de la noche en la cervecería. Todos, por una razón u otra, llegamos tarde. Montar todo el set en la fachada de La Cruz del Sur fue un quebradero de cabeza. Pensamos que con utilizar dos focos tendríamos de sobra, y, la verdad, no nos queríamos complicar más de la cuenta.
Nuestra intención era rodar rápido, un par de horas aproximadamente. La verdad es que eso no fue posible aunque los actores habían ensayado esa tarde y se sabían la secuencia de memoria; y hasta sabían dónde iba la cámara en cada plano.
Rodar en exterior, aunque sea de noche, en una ciudad es un horror. La cervecería hace esquina y da a dos calles, eso es algo que nos duplicó el sonido de coches, motos, etc. aunque las dos calles sean poco transitadas. Parece ser que en las ciudades hay mucha gente que tiene insomnio, o eso o es que son vampiros y solamente salen de sus casas de noche.
Comenzamos a rodar a las doce de la madrugada. Tuvimos que repetir tomas más veces de lo normal, sobre todo por el audio (el puñetero sonido de coches y motos). Nos dio tiempo a rodar el cameo completo de Nacho Diago y unos cuantos planos sueltos del resto de la secuencia porque el dueño de la cervecería nos dijo que cerraba a la una y media, y ya nos habíamos pasado veinte minutos. El hombre se portó muy bien, nos dijo que siguiéramos rodando, pero decidimos parar porque si pasa la policía y ve que hay un bar abierto casi a las dos un día entre semana lo pueden multar. Así es Valencia y su ayuntamiento. Ni que decir tiene que nosotros no teníamos permiso para rodar y, también, nos podían multar. Aunque pensándolo mejor, no creo que lo hicieran porque dentro de muy poco son las elecciones municipales y no le interesa al ayuntamiento de Valencia hacerse mala publicidad.
Como imaginaréis, no pudimos terminar la secuencia completa, eso es algo que nos disgustó mucho a todos. De todas formas el domingo veinte, antes de comenzar con el rodaje del interior del bar, terminaremos la secuencia que dejamos a medio.
Cuando visionamos los planos que habíamos rodado ese día, nos dimos cuenta de que tenían un color azulado. No sé si fue por una mala configuración de la cámara, mal balance de blancos o mala suerte. El caso es que son los únicos planos de la película en los que domina el color azul. Nacho, por su parte, tuvo suerte. Rodó ese día y ya terminó. Por el contrario, a muchos de nosotros nos faltaban una infinidad de días para terminar el rodaje.
Este día me di cuenta de que no iba a resultar tan fácil rodar las secuencias de exterior. Pensaba que, al rodar en una ciudad, todo iba a ser más fácil que el rodaje de Los ajos quemados, el cual, para quien no esté familiarizado, realizamos casi íntegro en pueblos y localizaciones de montaña. Yo, por mi parte, durante la preproducción del largometraje hice una comparación mental entre lo que vivimos durante el rodaje de Los ajos y lo que Tomás y yo estábamos preparando. Y no podía estar más equivocado. La teoría está muy bien, pero la práctica, en esto del cine, es algo muy distinto. Ahora me doy cuenta de que las comparaciones son tan odiosas como los sonidos de motos y coches que ralentizaron el rodaje de aquel día.
Fotografías de Raquel García Ruiz, Vicente Navarro López y Marta Tarazona.













