viernes 25 de abril de 2008
autorimaginario
jueves 24 de abril de 2008
26/05/07 LLUVIA, FURGONETA ROJA Y BUEN ROLLO














Perdón otra vez por la tardanza, pero el rodaje está siendo muy duro.
Esta secuencia la teníamos que rodar en una estación de metro. Elegimos la estación de Empalme entre Burjassot, Valencia y Benicalap por sus características únicas. Es una estación de metro en exterior, por ella pasa el metro y el tranvía. Tiene un parking gratuito y un pequeño recinto que pertenece a Metro Valencia. Al ser tan peculiar esta estación, y al tener tanto espacio, pensamos que era la estación perfecta para rodar una de las partes más importantes de la película
Tenemos que agradecer a Metro Valencia las facilidades que nos dieron para rodar en sus instalaciones, eso es algo que nos ayudó mucho a la hora de realizar el trabajo. Estamos muy agradecidos.
La secuencia había que rodarla de noche, a una hora en la que no entorpeciéramos a los viajeros del metro, y por supuesto no molestáramos. Así que quedamos a las 22:00 horas para prepararlo todo y comenzar a rodar a las 23:00 ó 23:30 horas. Por la tarde, mientras preparaba el material veía desde el balcón de mi casa el cielo forrado de nubes grises. Esto me llevó rápidamente a consultar el parte metereológico. En él lo único que ponía era que el cielo de Valencia permanecería nublado todo el día pero que no llovería. Esto me tranquilizó hasta que a las 21:30 horas aproximadamente se puso a llover de forma violenta. Todos pensábamos que no podríamos rodar. Nos llamamos unos a otros y decidimos mantener el plan de rodaje; iríamos a la estación y estaríamos allí hasta que dejara de caer agua del cielo. Si no paraba, pues no se rodaba.
Fuimos a las 22:30 horas a la estación, no podíamos salir del coche porque estaba lloviendo muy fuerte. Pero, gracias a la suerte y a que desapareció el efecto coyote, paró de llover y el cielo se despejó de tal forma que se veían las estrellas. A las 23:00 horas aproximadamente nos pusimos manos a la obra, buscar un lugar donde el sonido del generador no molestara, montar focos y coordinar la acción.
Primero rodamos los exteriores, y después los interiores de la furgoneta. Todo fue bien aunque resultó muy agotador por la complicación de la secuencia. Terminamos de rodar la madrugada del domingo a las 6:00 horas aproximadamente. Mientras recogíamos los trastos llegó una patrulla de la policía nacional. Nos preguntaron qué estábamos haciendo y se marcharon. En un principio los dos policías, cuando nos vieron de lejos, se asustaron porque creían que estaban secuestrando a alguien. Cuando se acercaron se dieron cuenta de que se estaba rodando una película. Menos mal que el susto no llegó a más.
Al final todo fue mejor de lo que pensábamos y no hubo ningún incidente destacable, pero sí anécdotas. Junto a la estación habían abierto un tramo de autovía y teníamos vigilantes de las obras a los que les alegramos la aburrida noche de trabajo con el rodaje de una película. Según nos contaron se lo pasaron pipa.
La verdad es que este día lo recuerdo como uno de los mejores de todo el proceso de rodaje. Estábamos las personas justas, había muy buen ambiente, no teníamos ninguna presión, ni prisas y, sobre todo, fue el primer día de rodaje en el que contaba con Míguel, el productor. Todos lo pasamos muy bien (al menos eso creo). Sólo eché de menos a dos personas, al inigualable claqueta veloz y a Pepe.
Ojalá todos los días hubieran sido como la mitad de este.
Fotografías de Raquel García Ruiz.
martes 22 de abril de 2008
jueves 17 de abril de 2008
25/05/07 ADRENALINA, MORFINA, ACTION MAN Y MUCHO DESENFOQUE

















Este día teníamos que rodar en el parking subterráneo de la televisión de la Universidad politécnica dos escenas, una dividida en planos, y la otra un plano secuencia con cámara fija muy sencillo. Todo parecía que iba a ir de rositas, pero como estaba comprobando desde que comenzamos el rodaje, hasta lo más sencillo se alargaba inexplicablemente tanto que resultaba agotador
Pepe había conseguido el día antes un permiso sin problemas para comenzar a rodar a las 15 horas en punto. Como ya he comentado antes, por no se sabe qué razones, el periodo de espera para comenzar a rodar se alargó tanto que la primera vez que le dimos al botón de rec de la cámara fue casi a las 17 horas. Pero lo más preocupante era que a las 21 horas en punto teníamos que largarnos de allí.
Ciertamente, en este rodaje comencé a experimentar esa sensación desagradable que luego se repetiría a lo largo de los siguientes días.
Yo estaba bastante nervioso porque la colchoneta que teníamos para simular que caía uno de los actores al suelo era demasiado gruesa. Esto significaba, básicamente, que para falsear que el actor se caía al suelo de espaldas teníamos que hacer un contrapicado demasiado inclinado, lo que significaba que probablemente la composición del plano quedara demasiado falsa o, en su defecto, se viera, ligeramente, la colchoneta en la parte inferior del plano. El plano lo rodamos como pudimos (no quedó muy allá).
Como ya he comentado hace unas líneas, los nervios me atacaron ese día, y cuando eso me pasa suelo explotar gritando con un “megagoendios” o algo así y, seguidamente tiro algo al suelo o, le doy una patada a algo (a personas y/o animales no, que no soy tan descerebrao). Despues de este ritual de ira incontenida, me calmo y ya se me pasa todo, o casi todo. Pues bién, eso fue lo que me pasó. En un momento del rodaje no encontraba el guión literario con mis anotaciones por ningún lado, y mi reacción ante esto fue tirar al suelo el guión técnico, con tal fuerza que se rompieron algunos papeles, mientras, decía esa frase atea tan extendida entre los españoles. La gente, segundos antes de mi muestra de ira, hablaba y reía, pero, cuando vieron mi acción me miraron rápidamente y se callaron; digamos, que se cortó ese buen rollo que había. Nunca me he sentido orgulloso de hacer estas cosas, pero cuando me encuentro con tanta presión no soy capaz de controlar estos arrebatos. Realmente no me cabreé con nadie, simplemente necesitaba hacerlo. Desde aquí le pido disculpas a todos los que se sintieron incómodos con mi acción.
Conforme iba pasando el tiempo, veía que avanzábamos menos. Esto es una máxima: “vísteme despacio que tengo prisa”.
Pregunté la hora y me dijeron que eran las 21:20 horas o algo así; nos habíamos pasado de la hora de toque de queda y aun nos faltaban planos. Joder, fue horrible. Tomás y yo hicimos caso omiso a la hora, nuestro subconsciente nos anuló el conocimiento de saber qué hora era y, seguimos rodando.
Cuando nos quedaba sólo un plano por rodar apareció un guardia de seguridad hablando fuerte desde cierta distancia. Como estábamos rodando, alguien le dijo que, por favor, bajara la voz. La reacción del hombre de la porra fue gritar algo así como: “A mí nadie me manda callar”. En ese momento, me percaté de lo que pasaba, le di la cámara a Tomás y fui a hablar con el colérico personaje. Intenté explicarle, con muy buenas palabras y de muy buenas maneras, que estábamos rodando toda la tarde allí y que sólo nos faltaba por rodar un plano y no tardaríamos más de cinco minutos en irnos. El simpático hombre de la porra comenzó a gritarme y a amenazarme con que iba a dar parte a sus superiores, que él tendría que estar a esas horas en su casa en vez de soportar a unos niñatos. Os podéis imaginar la opinión que tenía yo en esos momentos de ese hombre bajito, regordete, con traje de action man y porra de plástico. Le dije que nos íbamos ya, pero el siguió amenazando y gritando. Me di la vuelta y le dije a la gente que recogiéramos los trastos. Los recogimos todo en tiempo record, e incluso, con las prisas conseguí meter a presión la enorme colchoneta en mi coche, no sin antes hacerme un considerable corte en la palma de la mano derecha y rayar los laterales interiores del 4x4. Nos fuimos.
Después, como me suele pasar a veces, me volví un paranóico con el tema del segurata, ¿y si daba parte y no nos dejaban rodar el final de la peli en el mismo parking? ¿Y si nos denunciaba? ¿Y si?...
Tomás me dijo que ese tío era un pelagatos y no iba a hacer nada. Al final tenía razón, no pasó nada.
Hace algún tiempo, le pregunté a un amigo psiquiatra por qué cuando me cabreaba tanto o estaba sometido a tanta presión necesitaba darle una patada o puñetazo a algo e incluso tirar al suelo con todas mis fuerzas lo primero que encontrara. Me dijo que muchas personas, ante esa presión y tensión extrema, segregan mucha adrenalina y para reducir la dosis deben actuar de forma violenta, aunque inofensiva, para segregar morfina y así calmarse. Bien, esa es la explicación de mis esporádicos ataques de ira.
Cuando estaba montando la escena por planos, me deprimí tanto al ver que, otra vez, estaban todos los planos desenfocados, que tardé muchos días en terminar de montar la escena.
Fotografías de Raquel García Ruiz.
miércoles 16 de abril de 2008
martes 15 de abril de 2008
viernes 11 de abril de 2008
22/05/07 NOCTURNOS, MADRUGADORES Y DESENFOCADOS



Señoras y señores ¡he vuelto!. Tras un parón forzado por la obligación que representa la universidad y, por fin, terminar la carrera, me he vuelto a poner las pilas con el diario de rodaje porque sé, a ciencia cierta, que tenemos fans esperando las crónicas del coyote. Bueno, gente, ahí va...
Este día quedamos a las 3: 30 horas de la madrugada. La idea era rodar dos planos secuencia muy parecidos. Uno era de noche y el otro de día. Así que pensamos cometer un suicidio trasnochador y rodar a última hora de la noche y después del amanecer y así conseguir los dos planos secuencia en una sola sesión.
Gran parte del equipo se acostó a las 21 ó 22 horas para despertarse a las 2 o las 3 de la madrugada. Yo no fui menos, pero entre que me costó dormirme y me desperté a las 23 horas, no puede dormir lo suficiente.
Me pillaba de paso pasar por casa de Guille, así que quedamos a las 3: 10 horas. No sé por qué cada vez que quedo con alguien a esas horas me retraso. Puede que sea porque lel concepción de tiempo no es el mismo, me da la sensación de que todo pasa muy rápido pero uno mismo lo ve ralentizado (es una sensación que no consigo explicar mejor). Aparecí por la casa de Guille a las 3: 23 horas aproximadamente. Subió al coche y nos pusimos en marcha. Yo ya tenía claro que íbamos a llegar tarde porque la casa de Tomás (donde habíamos quedado) estaba a unos tres kilómetros cruzando por el centro de la ciudad de punta a punta. Lo curioso de todo fue que, contra cualquier pronóstico, llegamos a las 3: 28 horas, sobrándonos dos minutos. El milagro no fue otro que encontrar un solo semáforo en rojo, el que está justo antes de llegar a casa de Tomás. Puede que no os asombre esta casualidad, pero si os digo que hay alrededor de sesenta semáfotos de la casa de Guille a la de Tomás.
Los demás llegaron a la hora acordada y nos pusimos en marcha. Buscábamos una avenida de la ciudad que gozara de buena iluminación. Tomás y yo ya habíamos visto alguna que otra, al final decidimos rodar en una en que las farolas tenían cuatro bombillas. Los dos planos secuencia se tenían que rodar dentro del coche, por tanto eso implicaba que podíamos estar tranquilos respecto a la policía y ni Tomás ni yo podíamos estar presentes en la grabación, sólo Carol, la cámara. El plano secuencia de la noche lo repetimos unas seis o siete veces. Luego lo visualizamos en la cámara para ver si estaba correcto. Cuando terminamos fuimos buscando un bar para desayunar, y ya de paso esperar que amaneciera. Cual fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta de que, en Valencia, los bares no los abren hasta las 7: 30 horas. Joder, dimos vueltas para hacer tiempo alrededor de hora y media.
Nos quedamos en el bar unos veinte minutos. Desayunamos y vimos el maldito amanecer. Siento el comentario, pero es que a la gente que tenemos insomnio nos produce una sensación muy desagradable vivir el amanecer porque es justo cuando te da el bajón de estar toda la noche sin dormir y de repente te encuentras con un peso enorme en la cabeza. En fin, cuando amaneció ya se veían pasar coches por la calle y circular peatones con cara de “quierodormirperotengo- quetrabajar”. Nos pusimos manos a la obra y rodamos con el mismo sistema que el anterior plano secuencia. Cuando lo repetimos varias veces, Tomás y yo lo visualizamos y vimos que estaba muy bien. Así que a las 9: 00 horas dimos por finalizada la sesión de rodaje. Muchos nos fuimos a clase y unos pocos se fueron a dormir (que suerte tienen algunos). Un día más de rodaje y sin incidentes.
Sólo pude salvar tres fotos de todas las que hice, la tarjeta de memoria se me rompió y perdí unas fotos estupendas.
Como dije en su momento, visulizamos las tomas de los dos planos secuencia en la pantallita de la cámara y los vimos bien. Tiempo después, cuando estaba montando esos dos planos secuencia, me di cuenta de algo que sólo se podía ver a tamaño grande y sin cansancio nocturno: todas las tomas estaban desenfocadas, ¡y mucho!. Una gran putada que se repetiría varias veces.
Para algo así no hay muchas soluciones milagrosas.
Fotografías de Vicente Navarro López.
jueves 10 de abril de 2008
martes 8 de abril de 2008
20/05/07 ¡¡JODER, JODER, JODER!!











Nadie dijo que fuera fácil rodar la película, y nadie dice que lo sea. Por eso no nos ha pillado por sorpresa que alguna de las secuencias se resista a ser rodada. Parece que la escena del exterior del bar está maldita, porque la intentamos terminar alrededor de las 23h y se alargó hasta casi las 2 de la madrugada y aun seguíamos ahí, en la fachada del bar intentando pillar audio limpio. Cuando sólo nos quedaban cuatro sencillos planos, se pone a llover. Metimos el set rápidamente en el bar sin poder rodar los planos que faltaban. En fin, otro día será. A ver si el martes 22 por la noche podemos terminarla.
Quedamos con el dueño del bar en que alrededor de las 2 de la madrugada comenzaríamos a rodar las tres escenas de interior. Tras meter rápidamente todo el set, comenzamos a organizar lo que teníamos que rodar. Mientras lo montábamos todo, el dueño del bar me dijo que a las 3:30 horas debíamos recoger e irnos. Cuando hablamos con él, semanas antes, nos confirmó que podíamos estar allí hasta las 5 aproximadamente. Menos tiempo para rodar = planificación a tomar por el culo.
Conseguimos rodar la escena número cuatro, de la seis sólo rodamos el plano master y de la siete ni hablamos. Le dije al dueño de volver al domingo siguiente puesto que nos dijo que el mejor día para rodar en interior era el día del señor. Me dijo que el domingo 27 no podía, que tenía que ser el 3, ¡Dentro de dos semanas! Demasiado. Pero no hay más remedio que posponerlo. De todas formas, no tengo tan claro que podamos volver a rodar allí, tengo ese mal presentimiento. En fin, si no podemos terminar las escenas en ese bar tendremos que buscar otro y rodarlo todo desde el principio. Como ya he dicho, nadie dijo que fuera fácil rodar la película.
De todas formas, parece que esa noche no era la adecuada para rodar porque todos estábamos en tensión, algo nerviosos y alterados. Hay días que más valdría olvidar para siempre, el problema es que esos días que quieres borrar de tu mente son los que siempre recuerdas.
Un retraso más en el rodaje. Suma y sigue...
Pensad en toda la mala suerte que acumulamos ese día y no tendréis ni el uno por ciento de algunos de los siguientes días.
Janrad se atrancó varias veces con su texto y cada vez se ponía más nervioso. Ésto hizo que a Diego se le contagiaran los nervios, y si a eso sumamos que Belén tardó más de la cuenta en maquillarse (es lo que tienen las producciones sin pasta, los propios actores se maquillan), Tomás y yo no sabíamos cómo rodarlo todo en tan poco tiempo y, por último, el dueño parecía estar algo disgustado, no sé si con nosotros o no, pero disgustado; pues eso, cocktail de mala leche y nervios a flor de piel. Pobre Jose Daniel que no pudo hacer su cameo y pobre amiga de Tomás que fué con toda la ilusión del mundo a hacer de extra y al final sólo esperó para nada. Pido perdón a los dos.
Eso sí, los extras se portaron bien, pero con eso de que la bebida la pagaba producción, alguno que otro bebió más de la cuenta, porque luego la factura era para manchar los calzoncillos, y no precisamente de orina.
Fotografías de Raquel García Ruiz y Marta Tarazona.











