sábado 10 de enero de 2009

12/06/07 CUANDO EL DESTINO NOS ALCANZA


















Hoy se ha alimentado, una vez más, mi desilusión. Hay momentos en este arduo trabajo, o mejor dicho, de está jodida pasión por hacer cine, en los que preferiría estar solo en un puto desierto antes que ponerme detrás de la cámara. Pero por suerte o desgracia, según se mire, esos momentos se volatilizan como los buenos momentos, quedándome la maldición de continuar un proyecto que aún es el más grande de mi vida. Sí, esto es mi veneno, pero también mi pasión.
Muy temprano hemos ido a la Albufera a rodar una de mis escenas favoritas de la película; séis de la mañana, Marco nos guió (él fue quien encontró el magnifico sitio hace ya meses -recuerdas las acelgas, que buenas estaban). Viene siendo algo habitual en mí que no consiga pegar ojo la noche anterior a un rodaje; pienso en las cosas que pueden pasar e intentar tener soluciones para que las sesiones de grabación no se conviertan en un calvario para todos, pero siempre pasa algo inesperado. Así que esta noche pasada la he pasado en vela, maquinando cómo evitar o esquivar problemas, pero no me ha servido de nada porque con lo último que contaba era con encontrarnos con un agricultor, su arroz y el jodido tractor en marcha al lado del set; a la mierda con el audio, a la mierda con la escena, a la mierda con todo.
Un cielo magnífico, unos colores fantásticos, y, de pronto, un viento tan fastidioso que no hacia más que esconder y mostrar el sol; racord de iluminación: ahora quema, ahora no, ahora quema, ahora no.
¿Rodar? ¿Qué cojones se puede hacer ante todo eso? ¿Llorar? ¿Reír?
Hacia las doce decidimos rodar el interior de la furgoneta y largarnos, ya cansados de esperar que los elementos de la naturaleza y el hombre nos dieran una pequeña oportunidad.
Otro retraso más para el álbum de cromos. Espero que al menos podamos grabar en condiciones los tres días de rodaje en mi pueblo.


Recuerdo que cuando llegué a mi piso, sobre las tres de la tarde, dejé los trastos en el pasillo y me tiré en el sofá tan desconsolado y cansado de todo que por unos momentos creía que todo era un sueño. Joder, estuve acostado en el sofá dos horas compadeciéndome de mí mismo por no conseguir los objetivos marcados. Si hasta los elementos se habían puesto en mi contra. Tras ese dilatado tiempo de lamentaciones (sólo me faltó un muro) me levanté con el estómago vacío y un cansancio resacoso y no pude hacer otra cosa que desahogarme escribiendo el primer párrafo del día de rodaje. Ese día perdí parte de la ilusión de niño que tenía.

Fotografías de Raquel García Ruiz.

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FRASES IMAGINARIAS:
"Que cada uno ponga su granito de arena para destruir el mundo"
"De mayor quiero ser como Tom Selleck"
"¿Quién dijo qué?"
"..."
"Cuanto más lo pienso, menos me interesa"
"Tengo un problema, no soporto los problemas"
"Jodiendo, jodido, ¡joder!"